Cuando le pregunté si le gustaba, intentó hacerse la sueca: ¿Quién yo?
Puede que sus palabras intentaran confundirme, pero su sonrisa era evidente. Belén es la más reservada de nosotras, o tal vez así lo creamos. Puede que de su opinión habitualmente, pero no se hace oír demasiado (o a lo mejor seré yo que hablo muy fuerte y no termino de escuchar a la gente…). Sea cual sea el problema, era la primera vez que sacaba algo en claro sobre sus gustos amorosos. Irene, en cambio, no dudó en responder: Pues si no te gusta a ti, me lo quedo yo! -Ella es más explícita-.
Mientras hacíamos una breve pausa para tomar el café, Tina se acercó sigilosamente. Sabíamos que algo le rondaba por la cabeza, no era normal su actitud. Ella es muy transparente. Normalmente no tiene ningún problema para contarnos sus preocupaciones, pero es divertido hacer de “Rapel” por unos instantes: ¿Qué te pasa? ¿Es Oscar? ¿Os habéis enfadado? O, tal vez, ¿es el examen lo que te preocupa? Mientras nos aventurábamos lanzando preguntas al azar, ella nos miraba con la ceja levantada: ¿Es que no puedo estar aburrida? O ¿cansada? En aquel momento hubo un pequeño silencio que bastó para reflexionar aquella respuesta. Estaba claro: ¿Es Oscar, verdad?
Viendo cual era la situación lo más acertado era cambiar de tema. Para eso no necesitamos ningún momento de reflexión, Belén no tardó en recordarnos que hoy era el día en el que nos daban los resultados del examen de Matemáticas financieras –gracias Belén, creo que la que quiere que cambiemos de tema ahora soy yo-.
Irene hizo fácil que el ambiente mejorara, no tuvo más que decir una palabra: cotilleo. No somos ningunas marujas, simplemente pasamos el rato informándonos sobre la gente de nuestro alrededor. Sabíamos que no era el lugar adecuado, pues las paredes de aquel lugar tenían las orejas más grandes que los de un elefante, o tal vez no existía pared, solo un elefante. Así les llamábamos a esas personas que no hacían más que hacer ruido diciendo tonterías ELEFANTES!: parecían elefantes en una cacharrería.
Ay qué frío! Es lo primero que digo siempre que entro en el coche de Tina. Nos disponíamos a la cafetería más chic de la ciudad cuando en la radio confirmaban la muerte de Chávez, e incluso lo comparaban con Arafat. No estábamos muy puestas en la política de latino América, pero éramos conscientes de que estábamos siendo parte de un acontecimiento histórico importante, al igual que la renuncia del Papa.
Cuando por fin llegábamos al destino percibimos que aquel congelador llamado coche comenzaba a calentarse –gracias coche, un poco tarde pero, igual a la vuelta llegamos a los 5 grados-.
-Helena, Tina! estamos aquí! Eran nuestras queridas amigas que habían llegado unos segundos antes y se habían tomado la libertad de pedir las bebidas por nosotras: Bueno, por fin podremos comentar las últimas jugadas.
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