-No sabéis de lo que me he enterado! No os lo vais a creer! Rosa
se ha enrollado con Rafa!
En aquel instante podríamos haber cobrado la entrada a los del bar por ver a los animales del
circo; cada cual tenía una mueca diferente ante el asombro de aquella noticia. Irene
(la portadora de la noticia) pudo hacer que saliéramos de aquel shock: A mí no me parece tan fea! –dijo-.
Bastó esa frase para cambiar del estilo circo
al estilo gallinero, pues aquella algarabía
llena de risas no tenía fin. Belén, viendo la situación, optó por salir a fumar
un cigarro –queriendo alejarse un poco de la fauna, creo yo-.
Después de la sesión de risoterapia, volvimos a la realidad:
hora de ir a clase.
Encontrarnos con esas caras que veíamos a diario nos daba
mucha pereza, pero sabíamos que el día de hoy iba a ser diferente. Semanas
atrás nos informaron de un debate en el que teníamos que participar. El día del
intercambio de opiniones había llegado. Belén introdujo el tema del debate con
elegancia, aunque la gente ya se encargó de quitarle sofisticación a la
intervención.
Por fin, la mejor parte del día había llegado: la hora de
irse de la universidad. ¿Cómo es posible tener tantas ganas de salir de la
universidad? La maravillosa idea de LA UNIVERSIDAD estaba dejando de ser la que
era. Realmente, estábamos seguras de no haber salido aun del patio del colegio;
casi podíamos encontrarnos en el aula a un profesor bailando al ritmo de La Macarena (sin el casi). La actitud de aquel lugar
era un tema angustioso (ja) muy comentado por nosotras desde que empezamos hace
2 años. Había muchas cosas que no entendíamos, y no era por desconocimiento, pero lo mejor era pasar palabra.
Lo más importante hoy era empezar con la planificación de una
comida en petit comité. Comida en la
que daríamos rienda suelta a todos nuestros fetiches.
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